¡Hola! Soy Emilia Schneider, soy activista feminista, estudiante de derecho y actualmente me postulo a la Convención Constitucional por el Distrito 10. Me ha tocado ser vocera de la coordinadora feminista 8M durante 2018 en pleno movimiento de Mayo Feminista y también fui presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, FECh, en plenas movilizaciones por una educación no sexista y durante la revuelta social de 2019.

Creo que lo que más me define es ser activista feminista. El feminismo para mí ha sido fundamental en poder aceptarme tal como soy, y ser activista es algo que hago con mucho cariño por todas y todos quienes hemos sido afectados por las desigualdades. Creo profundamente en que podemos transformar nuestra sociedad para vivir una vida más digna, más justa y más libre. Eso es lo que me mueve.

Cuando era chica vivía de allegada con mi mamá en la casa de mis abuelos. En ese tiempo compartíamos pieza con mi mamá. Tuve la suerte de que tanto ella como mis abuelos siempre me dejaron tener el pelo largo y me regalaban cosas que en ese tiempo eran reconocidas como “juguetes para niñas”. Fueron muy abiertos con eso, esas son las cosas que recuerdo con más cariño de mi infancia. Tengo una foto muy linda de los 5 o 6 años, en la que mi mamá me prestó un labial morado que yo amaba, y salimos las dos con los labios pintados. Poder tener esa libertad para expresarme fue un regalo muy importante para sentirme cómoda en mi niñez. 

Las cosas que más recuerdo de mis años escolares fueron las movilizaciones estudiantiles. El 2006 yo estaba en cuarto básico y mi colegio estaba en toma. Mi generación obviamente no participaba de la toma, pero recuerdo haber estado con mis compañeras comentando lo que estaba pasando, estábamos muy impresionadas. 

Desde ahí, los años que siguieron empecé a ir a todas las asambleas. Fui presidenta de curso varios años, y luego disolvimos la directiva. Estábamos viendo Roma, así que se nos ocurrió hacer un triunvirato, ese fue nuestro sistema de gobierno varios años. 

El 2011 fue un año crucial para nuestra politización, ahí ya estaba en primero medio y empezamos a ir a las marchas. Con un grupo de compañeres de las disidencias empezamos a movilizarnos los años posteriores desde una perspectiva crítica a la política masculinizada que caracterizaba esa época. Empezamos a politizar nuestra sexualidad, nuestras “salidas del clóset”, y a hacer talleres en las tomas sobre sexualidades. Leer y conocer a Lemebel fue crucial para nosotres esos años, ahí empezamos también a incursionar en la literatura y cine lgtbiqa+, y a cuestionar la educación sexista que recibíamos en nuestras aulas. 

El mayo feminista de 2018 fue la experiencia política en la que más he aprendido en mi vida. También es la movilización que recuerdo con más cariño, y con la que más me siento representada. Me emociona mucho el haber sido parte de un momento tan relevante para nuestra historia, puesto que creo que la sociedad nunca volvió a ser igual, y nosotras tampoco volvimos a ser las mismas. Creo que es importante recalcar que el mayo feminista es producto de una gesta larga, que se conecta con la historia de las sufragistas y mujeres obreras de comienzos de siglo XX, con quienes lucharon contra la dictadura en los años ochenta. Es por eso que cuando empezamos con Ni Una Menos el 2016, se empezaron a crear Secretarías de Género en todos los espacios educativos, asambleas de mujeres, y luego la Coordinadora 8M a comienzos del 2018, sabíamos que algo grande se venía. No sabíamos muy bien cómo iba a ser, ni qué lo iba a desencadenar, pero teníamos claro que las luchas feministas habían llegado para quedarse y cambiar profundamente nuestra sociedad. 

Lo que más he aprendido estudiando derecho es que la única forma de acabar con las desigualdades que ampara y reproduce nuestro sistema jurídico, es fortalecer la organización y articulación de las luchas sociales.

El sistema actual ampara la discriminación, la violencia contra las grandes mayorías, por lo que me parece muy importante que quienes estudiamos derecho nos pongamos al servicio, no solo de defender a quienes sufren dichas desigualdades en los litigios, sino también en proponer cambios concretos, nuevas formas de organizarnos como sociedad, de relacionarnos con el Estado como garante de nuestros derechos. En ese sentido, este proceso constituyente que se abre con la revuelta de octubre es una oportunidad fundamental. Me gustaría ser parte de este proceso, y luego seguir trabajando por los cambios legislativos que se abrirán con la nueva Constitución

Me tiene muy contenta poder decir que esta es una candidatura colectiva, donde estamos trabajando muchas compañeras y compañeros de las disidencias, de los feminismos, del movimiento estudiantil, donde lo que nos interesa es poder representar a una generación que ha estado en las calles movilizándose, pero históricamente ha sido excluida de la política. Las mujeres trans en América Latina tienen un promedio de vida entre 35 y 40 años, creo que estas cifras demuestran la urgencia de que quienes estamos activando desde las disidencias estemos en los espacios de decisión política para garantizar mejores condiciones de vida, derechos sociales y la posibilidad de una vida digna. 

 

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