Manifiesto|

Tiempo de Crisis y Esperanzas

Nos encontramos frente a un momento histórico. Muchas cosas que por años pensamos que eran imposibles hoy se están haciendo realidad, partiendo por el proceso constituyente en curso, abierto desde la movilización social para terminar con el legado de Pinochet y la eterna transición que nos prometió cambios que nunca llegaron. Sin embargo, además de momentos de esperanza, asistimos a un período de profundas crisis de diversa índole, agudizadas por la decadencia del modelo neoliberal en Chile, resultado de años de una hegemonía de los sectores conservadores, el gran empresariado y las fuerzas políticas de la transición; la ex Concertación y la derecha.

En primer lugar, es ineludible la crisis en materia de DDHH e impunidad en nuestro país. La justicia en la medida de lo posible tras la Dictadura cívico-militar, la falta de garantías de no repetición y la represión estatal en democracia, con la gravísima situación desatada tras la revuelta social nos dejan un panorama complejo que exige una solución real para dar verdad, justicia y reparación a las víctimas y sus familias, sentando una línea clara respecto a lo que es inaceptable en una democracia verdadera y los límites que debe tener el poder.

Así también, nos enfrentamos a una crisis política y social que alcanza su punto más álgido con la revuelta social desde el 18 de octubre de 2019, pero que lleva décadas de acumulación de malestar reflejados en las movilizaciones estudiantiles, feministas, de No + AFP, socioambientales, entre otras, que plantearon grandes transformaciones y construyeron mayorías, pero chocaron contra el muro de una democracia restringida y la política en la medida de lo posible. El proceso en curso nos exige grandes transformaciones para redistribuir el poder y la riqueza -canalizado a través del proceso constituyente, pero que requerirán reformas estructurales que hagan realidad un país de derechos y dignidad- y, también, una refundación institucional profunda, donde se vuelva realidad la democracia y se abran las instituciones a la participación de todas, todos y todes.

Sumado a lo anterior, vivimos también una profunda crisis de representación y de desgaste institucional, producto de la desconfianza en el sistema político en general tras décadas de gobiernos que han administrado el modelo sin abrirse realmente a los debates que ha planteado la ciudadanía. Los últimos procesos electorales evidencian una tendencia que la movilización social ya adelantaba: las fuerzas de la transición que han sostenido el consenso del modelo neoliberal y conservador van en retroceso, abriéndose paso voces históricamente excluidas de la política. Apruebo Dignidad, en ese sentido, surge como una alternativa para darle representación política a los movimientos sociales, a los distintos pueblos, a las mujeres, a los sectores populares y las disidencias sexuales, con quienes existe una profunda deuda de representación en la sociedad, particularmente con las personas trans y no binarias.

A las crisis que han venido cultivándose en nuestro país, se han sumado dos que nos afectan a nivel mundial con consecuencias tangibles y cotidianas para el bienestar en el planeta: la pandemia del COVID-19 que gatilló una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes, que ha generado la pérdida de trabajos, el empobrecimiento y el endeudamiento de muchos hogares, profundizando las brechas y desigualdades ya existentes, por ejemplo en materia de educación, el acceso al trabajo de mujeres y diversidades sexuales, los cuidados, etc; y el desastre climático y ambiental al que nos acercamos todas las comunidades y ecosistemas si seguimos por la senda que nos han llevado las lógicas depredadoras y extractivistas del capitalismo a nivel mundial. El reciente informe del IPCC de la ONU evidencia que existe una relación directa entre esta situación y la intervención humana, en particular nuestro modelo de producción y desarrollo basado en el crecimiento sin freno, el extractivismo en muchos territorios y la tremenda emisión de gases de efecto invernadero. La claridad que tengamos para enfrentar con medidas radicales esta crisis es de vida o muerte.

Pese a todo, existe esperanza, pues las respuestas del orden conservador y neoliberal se debilitan, las mayorías empezamos a tomar consciencia y nos levantamos para exigir dignidad, soberanía sobre nuestras vidas y territorios. Tenemos una oportunidad concreta de tener un gobierno y un Congreso que trabaje por un ciclo político de protagonismo y avance popular, abriendo sus canales a los movimientos sociales y territoriales que deben protagonizar el momento que vivimos, procesos que debemos fortalecer, apoyar y construir pues nunca hay que olvidar que lo que nos trajo hasta aquí fue la organización y lucha social. Con ese compromiso asumimos esta candidatura.

1. Feminismo y disidencias

2. Acompañamiento y potenciación al proceso constituyente

3. Educación pública, no sexista, intercultural y democrática

4. Hacer realidad nuestros derechos

5. Derechos Humanos

6. Cultura

7. Consecuencias de la Pandemia

8. Crisis Socioambiental

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