Manifiesto|

La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto que las condiciones de vida se han precarizado de forma exponencial. La desigualdad requiere ser transformada desde el aporte de diversas perspectivas que nos permitan dimensionar y entregar solución a los problemas que se arrastran por décadas y se han visto agudizadas con la crisis sanitaria.

Han sido las personas pertenecientes a los sectores más vulnerables quienes se han visto expuestas a las condiciones más precarias, como el hacinamiento, la falta de trabajo y la precariedad laboral, no ser considerados en los sistemas de protección social -salud, pensiones, etc.- o el nulo acceso a los servicios. Esto se ilustra en el alza de la malnutrición infantil, la falta de acceso a la educación y servicios básicos, los despidos masivos, entre muchas otras. Otra arista develada en la pandemia tiene que ver con el aumento de la violencia al interior de los hogares que sufren mujeres, menores de edad y disidencias sexuales y de género.

Una de las grandes evidencias que ha dejado la pandemia es la prevalente desigualdad en la distribución de los trabajos, donde las mujeres cargan mayoritariamente con el peso del trabajo doméstico y de cuidado, sumado muchas veces sobre el trabajo remunerado y la responsabilidad de ser las mantenedoras principales de sus hogares. La crisis sanitaria provocó que retrocediéramos 10 años en los avances en igualdad laboral e inclusión femenina, fenómeno que debemos revertir promoviendo políticas que transformen estructuralmente la manera en que la sociedad y las familias organizan sus tiempos para el trabajo remunerado, el trabajo doméstico, el descanso y el ocio, donde todas, todos y todes nos hagamos equitativamente responsables, y entonces las crisis, personales o sociales, no vuelvan a cargarse sobre los hombros de las mujeres. Lograr una real corresponsabilidad social nos permitirá llevar vidas menos estresadas y agobiadas, promoviendo el bienestar.

La violencia y la discriminación aún mantiene una brecha gigante con la población trans y no binaria, las tasas de desempleo son alarmantes, la falta de este, condena a muchas personas a la precariedad. El Estado tiene las herramientas para promover, crear y garantizar mecanismos que aseguren el acceso al trabajo para la comunidad trans y no binaria. Es ante este escenario en el que por ejemplo, el cupo laboral trans cobra una gran importancia.

  • Recomponer el entramado de servicios públicos que aborden la malnutrición infantil, la detección y atención tardía de enfermedades, la acción y prevención de la violencia, la deserción escolar y dificultades para el acceso a la educación, entre otros, promoviendo el aumento de recursos y la creación de políticas provisorias o permanentes para abordar con perspectiva territorial los problemas que se diagnostiquen.
  • Promover el cupo laboral trans, estableciendo proporciones no menores al 1% de los cargos en el sector público nacional para personas trans y no binarias, hayan o no efectuado la rectificación registral del sexo y el cambio de nombre de pila e imagen.
  • Promover políticas de corresponsabilidad social efectiva, que aborden a nivel estructural las causas y barreras para la distribución del tiempo y los trabajos. Avances en esta línea son, por ejemplo, un Sistema Nacional Integral de Cuidados, la extensión del postnatal a 12 meses, la implementación de un postnatal para un segundo cuidador (sea el padre u otra persona asignada por la cuidadora principal), la reducción y flexibilización de la jornada laboral a 40 horas y/o 4 días laborales, la educación no sexista, el fortalecimiento de los dispositivos de cuidado para adultos mayores, menores y enfermos, entre otros.
  • Impulsar políticas para la reactivación económica, que permitan la recuperación de empleos, el retorno del flujo de importación y exportación de bienes y ataquen la inflación.

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